Walter Bayly

Sentado en un sillón y sujetando sus lentes en una mano, Walter Bayly, uno de los ejecutivos más prestigiosos del país, afirma que un líder es aquel que posee la capacidad de hacer que un grupo de personas vayan hacia una misma dirección. Y esto no es un simple lugar común. No cabe duda de que conoce muy bien el tema. Cuando terminó la universidad trabajó dos años en un banco local y luego viajó a Estados Unidos, donde hizo un MBA en el Arthur D. Little de Boston. Después trabajó en el Citibank de Nueva York y durante trece años estuvo fuera del Perú, en países como Venezuela y México. Recién retornó al país en 1993, año en el que comenzó a trabajar en el Banco de Crédito del Perú (BCP).

Todas esas experiencias le han enseñado que el liderazgo no es necesariamente una cualidad innata, sino que se puede cultivar y aprender. Para Walter, existen situaciones que pueden no estar programadas y donde el liderazgo es casi situacional. Mientras que, en otras ocasiones, se reconocen conductas que de una manera disciplinada uno puede empezar a aplicar. Es en este punto en donde reconoce que su paso por la Universidad del Pacífico fue clave: ahí recibió herramientas que le sirvieron en su formación como líder. Por sobre todo: conocimientos técnicos y humanísticos, y una firme base ética-moral.

En sus primeros años, cuenta que no fue tan buen alumno y que le costó, incluso, vincularse con la Universidad. Pero todo líder se va moldeando. En su caso no fue un hecho o situación en particular el que lo hizo cambiar, sino un conjunto de cuestionamientos personales que llegaron mientras iba creciendo. Desde sus propias palabras, lo que él llama “madurez”.

Hoy se siente muy satisfecho por lo que ha logrado con su trabajo en una organización como el BCP y, claro, por un conjunto de cosas adicionales. Entre estas, la más importante es su familia: su esposa y sus cuatro hijos. Ella, también graduada en la Universidad del Pacífico, tiene una maestría en Economía y actualmente es nutricionista con una práctica muy exitosa. Walter la admira, pues asegura que ella hizo denodados sacrificios por apoyarlo en su carrera. Son comunes los viajes familiares por el mundo, cuando su agenda se lo permite. Alaska, África y Egipto han sido destinos en los últimos tiempos.

Walter suele asistir a las reuniones de egresados en la Universidad del Pacífico. Cuando eso sucede, es como retroceder en el tiempo: ve a sus viejos amigos en el mismo ambiente en los que se formaron. Ha habido cambios, pero las bromas continúan siendo la constante.  Ellos son los mismos de siempre: aquel grupo de adolescentes que creció en un ambiente de exigencia, pero, sobre todo, de valores.

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