Verónica Sayán

Vivir tres meses en un pequeño pueblo de una provincia del Perú la marcó. Verónica Sayán estudiaba en la Universidad del Pacífico cuando decidió viajar al interior del país para realizar prácticas en una cooperativa agraria sin saber lo que aquello significaría para su vida. “Esa experiencia definitivamente me cambió como persona. Como estudiante de Economía, además, me hizo darme cuenta de miles de cosas. Era un lugar completamente diferente a Lima, con muchas necesidades”, recuerda.

Al poco tiempo de su arribo, identificó una oportunidad. Los pobladores dueños de chacras vendían sus productos solo a mayoristas. Entonces, junto con una amiga, empezó a vender pecanas, pallares y otras especias por kilo. Ambas diseñaron un plan de negocios que abarcaba llegar, incluso, hasta la exportación. A pesar de que el proyecto se estancó, porque algunos miembros de la cooperativa no desearon formalizarse, Verónica aprendió mucho de esa situación.

Aquellas prácticas no solo le dieron una nueva visión del mundo, sino que la hicieron intuir cuál sería su camino profesional. Algunos años después, lo confirmó. Cuando practicaba en el Grupo Apoyo y paralelamente realizaba su tesis en Econometría, comprendió que, por su personalidad, no podía estar doce horas frente a una computadora. Se tomó un descanso. Se preguntó qué era lo que quería. Qué buscaba. A su regreso habló con su asesor de tesis. No solo le contó del proyecto en el que había estado pensando durante varios días (confeccionar ropa interior femenina), sino que le tenía tanta confianza que fue ese mismo profesor quien le prestó los 3 mil dólares con los que inició su negocio.

Casi 20 años después, Verónica es hoy gerenta general de Lyda Designs. Su rubro ya no es la ropa interior femenina sino la ropa de lujo para bebés (que comercializa a través de su marca Lyda Baby). “Estudiar Economía me brindó dos cosas muy importantes. La primera es una capacidad de análisis considerando muchas expectativas. A diferencia del común de las personas, que suelen ser más parametradas, un economista estima diferentes factores al momento de su análisis. La segunda es la capacidad de trabajar bajo presión”.

Ambas capacidades son las que la han ayudado todo este tiempo. Por ejemplo, en sus inicios, cuando fue a Gamarra por primera vez y vio todas las potencialidades que habían ahí: primero brindó el servicio de confección, luego tuvo un taller y, creció tanto su marca, que diseñó una gran cadena de distribución a nivel nacional.

Pero también ha habido momentos difíciles; cuando llegó el Fenómeno de El Niño en 1998 que incidió directamente en su negocio o cuando la crisis asiática afectó financieramente a todos. Ella no se amilanó.  “En esos momentos son en donde una en verdad se conoce”, dice Verónica.

Actualmente Lyda Baby tiene cerca de 200 clientes en Estados Unidos, trabaja con una diseñadora americana y otra italiana, y posee colaboradores en muchos países, sus prendas llegan a Inglaterra, Francia, Italia, Rusia, Singapur, Dubai, Japón, entre otros destinos.

“Una debe buscar siempre sorprender. Creo que ese ha sido el secreto de nuestro éxito. Al inicio yo no sabía nada sobre confecciones, pero aprendí. Y luego volqué mi creatividad en ello. Lo más importante es tener muchas ganas, ya que éstas son las que harán que siempre se busquen cosas diferentes”.

2 Comentarios

  1. Teorodo says:

    Si le va tan bien por que pagan 750 soles a sus trabajadores? Y no los tienen en planilla. Un gran escándalo cuando les cayó el.ministerio de trabajo

  2. Teorodo says:

    Yo estaba ese día en la tienda de Salaverry y vi cuando los del ministerio le preguntaban a la niña que me estaba atendiendo cuanto ganaba y si tenia su contrato y escuche cuando dijo que les pagaban solo 750 soles al mes asustada casi llorosa la niña que vendia dejo de atenderme. Me parece injusto que exploten así a las personas de bajos recursos.

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