Mirella Hernani

Nepal es solo uno de los múltiples países donde Mirella Hernani se ha desenvuelto como economista. Estados Unidos, Bolivia, Costa Rica, Senegal, Camerún, Chad, Burkina Faso y Congo conforman su geografía profesional, en la que suelen abundar países en vías de desarrollo pertenecientes, principalmente, a África (su continente favorito). Actualmente Mirella es Consultora Internacional del Banco Mundial, con un postgrado en Políticas Públicas por la Carnegie Mellon University de Pittsburgh.

¿Pero qué es lo que hace que alguien deje su país, su familia, sus amigos, y se traslade de un extremo a otro del planeta? ¿Qué fuerza es la que motiva a una economista a internarse en pueblos remotos en donde la necesidad es moneda corriente? Desde pequeña, cuando su padre realizaba viajes por el interior del Perú, a Mirella le comenzó a llamar la atención la forma en que vivían en otros lugares, el ingenio que tenían para solucionar sus problemas y la diversidad cultural que se podía encontrar lejos (y no tan lejos) de Lima. Esto, definitivamente, la hizo crecer con una visión diferente del mundo. Sus intereses habían sido marcados.

  Ya de adulta, esta vocación se convirtió en una herramienta poderosa pues, gracias a sus estudios en la Universidad del Pacífico, su destacada labor como economista la llevó a formar parte de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), convirtiéndose en una especialista en temas de desarrollo rural y manejo de recursos naturales.

“Mi trabajo, más que ayudar, es observar a las comunidades y luego darles las herramientas que necesitan para su desarrollo”, explica Mirella, desde Nepal, a través de una conversación vía Skype, aprovechando que el racionamiento de electricidad de catorce horas diarios aún le permite conectarse esta noche (de mañana, en Lima). “En la Universidad entendí que uno debe ser un experto en su trabajo. Eso es esencial para ser un buen líder. Esto es algo que tengo presente siempre. Es tan importante como tener ideas innovadoras”.  
De situaciones extremas es de donde salen, a veces, las mejores ideas. Ella lo sabe. Su siguiente parada es Turquía, donde una nueva cultura (y sus problemas) la esperan. Se le nota encantada: antes que otro destino más, es un nuevo desafío. 

“Me gusta trabajar en los países menos desarrollados porque se puede hacer más en temas de infraestructura. En varios de ellos encuentro similitudes con el Perú, pues hay mucha gente rica y también mucha gente pobre. Esa es una gran paradoja que siempre te deja pensando”.

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