Esteban Chong

El secreto está en el equilibrio. Y Esteban Chong lo sabe.

Proveniente de un contexto familiar muy vinculado a la contabilidad, optó por esta carrera y se unió a las filas de la primera promoción de Contabilidad de la Universidad del Pacífico. Habiendo estudiado en un colegio para descendientes chinos, valoró formar parte de una casa de estudios pequeña donde todos se conocían y donde podía relacionarse con estudiantes y profesores de todos los años. “Eso te marca —sentencia—. Y otra cosa que también te marca, desde el punto de vista académico, es pasar todos los cursos de Gregorio León”, agrega con su característico sentido del humor. Se refiere al emblemático contador público e implacable profesor de dicha especialidad, Gregorio Leong Chávez.

Otra persona que influyó mucho en Esteban Chong es el padre Raimundo Villagrasa, S.J. “Una de las cosas que aprendí es que en este mundo nada es blanco o negro; es gris. Y que muy pocas soluciones, salvo matemáticas, son sí o no. Normalmente están en el punto intermedio, y ese gris, eso de considerar todas las cosas en conjunto, eso me lo dio la universidad. Eso es lo que más me marcó. Mi forma de pensamiento más global me la dio la universidad”.

El peso de Price

Eran los años ochenta y tres profesores de la universidad lo animaron a hacer sus prácticas en PricewaterhouseCoopers (PwC). Pero el país vivía épocas complejas: segundo Gobierno de Fernando Belaunde, 125% de inflación, fenómeno de El Niño, Alan García y la estatización de la banca… “Fue una etapa que me marcó bastante porque decías: ‘Oye, ¿sabes qué cosa? Este país no tiene futuro’”.

La UP le ofreció la oportunidad de irse a estudiar, y partió a seguir su MBA en la Universidad de Pittsburg. A su regreso dedicó dos años a enseñar a tiempo completo en su alma máter. Confiesa que fue la etapa de su vida en la que más amigos ha hecho.

Quienes fueron sus alumnos hoy son sus amigos y ocupan puestos gerenciales como él. Pero el mundo académico le resultó muy tranquilo. Sentía que no estaba en la trinchera, que le faltaba adrenalina. “Regresando acá también me faltaba adrenalina, pero regresé”, cuenta riendo.

Era 1991. Y nunca más dejó PwC. En el 2011 ascendió hasta el puesto más alto: socio principal. Durante todo ese lapso continuó enseñando en la Pacífico. Y aunque hoy la falta de tiempo se lo impide, sabe que eventualmente volverá. Y tiene también otra certeza: “Hoy día te puedo decir que el Perú sí tiene futuro, con todos los problemas que existen. Yo mismo le digo eso a mis hijas: lo que era el Perú a lo que es hoy día no tiene ningún punto de comparación”.

Un país, dos realidades

Esteban Chong lidera las operaciones locales de la empresa líder de servicios profesionales a nivel global y cuyos clientes en el Perú representan el 80% de las principales empresas del país. “Lo difícil en este puesto es cómo equilibras trabajo y vida”. Para ilustrarlo, comparte una conversación que tuvo recientemente con su cardiólogo.

—¿Tú crees que debo cambiar de trabajo? —cuenta que le preguntó.
—¿Tú estás loco? Yo te conozco, no vas a poder hacerlo y vas a crear otro problema.

—Lo que tienes que hacer es buscar espacios libres dentro de tu tiempo, espacios para ti y para tu familia —aconsejó el experto.

Y eso hizo. Hoy administra su agenda de una manera más eficiente y madruga para darle tiempo para otra de sus aficiones: el golf. “Todavía tengo que durar dos años más”, dice, pues es regla de PwC que a los 63 se pasa al retiro para dejarle espacio a los más jóvenes. Unos jóvenes que no saben lo que es vivir en entornos de terrorismo e hiperinflación, que tienen otro tipo de metas, que no son particularmente pacientes. Dos generaciones que deben adaptarse para convivir.

“El reto está en transmitirles el pensamiento de largo plazo, enseñarles a escoger las batallas que importan, a tomar decisiones con lógica pero también con humanidad, a invertir en su propia firma, a engrandecer la marca en la que trabajan y su cultura. Hay que hacer de esto una cosa mejor. ¿Cómo lo equilibras? Ese es el reto”.

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