Alfredo Torres

Mucho antes de que se convirtiera en la voz autorizada de la opinión pública en el Perú, Alfredo Torres tenía claro el camino que emprendería su carrera profesional. Desde sus primeros años en la Universidad del Pacífico, supo explotar su capacidad de liderazgo: además de tener una intensa actividad como presidente del Centro de Estudiantes, fue representante del alumnado ante la Asamblea y el Consejo Universitario.

“Todas las semanas me reunía con personas muy capaces y mayores que yo. Así entendí que un líder debe buscar soluciones y no más problemas. Debe actuar con integridad, autenticidad y buscar el equilibrio para no beneficiar a unos más que a otros”, explica Alfredo desde su oficina en Ipsos Apoyo, una de las más importantes empresas de investigación de mercados en el Perú.

Durante su etapa universitaria fueron constantes los diálogos con sus profesores. Alfredo recuerda especialmente a Alfredo Montemayor, quien le enseñó Ciencias Políticas y Filosofía. Ambos solían prolongar largas tertulias durante horas (incluso las llevaba fuera de las aulas: una pizzería cercana a la Universidad solía ser el destino escogido). Fue gracias a él y al resto de la plana docente que pudo ampliar la concepción social que tenía del país y desarrollar un pensamiento crítico latente ante aquello que está preestablecido como “verdad única”. Esto, definitivamente, lo marcó: “En la Universidad aprendí que la verdad es mucho más compleja de lo que se cree. Hay varias capas que debemos ir sacando hasta llegar al núcleo de las cosas, como si fuera una cebolla”.

Para Alfredo, el nivel adquirido en la Universidad le permitió realizar sin mayor sobresalto un Máster en Estudios Latinoamericanos, con especialización en Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford. Aquella experiencia no solo lo nutrió de conocimientos, sino que hizo que su afecto por la Universidad creciera: según sus propias palabras, era más difícil obtener calificaciones altas en la Universidad del Pacífico que en la prestigiosa institución norteamericana.

“Mi esposa, que era mi novia en esa época, me decía que éramos unos sobrados, pero en realidad no era así. Mis compañeros ahora ocupan cargos altos porque están muy bien preparados”, sostiene Alfredo, quien el año pasado vio graduarse también en la Universidad del Pacífico a su hijo mayor. Aquella noche fue inolvidable para ambos: Alfredo tuvo el privilegio de ofrecer el discurso principal del evento.

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